martes, abril 22, 2008

Se secó la tinta

Quiso imprimir toda su vida con tinta, dejar constancia de cuanto hizo y cuanto soñó, en palabras.
Absorvió otras tantas ideas de los libros, que le llevaron a confundir su vida con la de otros, con la de las personas que existían o fueron, con la de los personajes que nunca se materializaron más allá de la mente donde fueron creados.
La tinta, el papel impreso, los versos escritos, las letras, las palabras, las páginas, los libros, tejieron en torno a ella arroyos de historias propias y ajenas hechas propias, que pretendían escapar del olvido.
Vació su mente sobre folios y folios para preservarla del tiempo, para preservarla de su propio olvido. Y empezó a olvidar.
La seguridad que el papel le daba hizo que por sí misma ya no fuese capaz de acordarse de más.
Un día ocurrió una desgracia. La vieja madera de la ventana de su cuarto cedió ante las corrientes de viento y ésta se abrió con gran estruendo. Los escritos salieron volando por la ventana. El cielo se llenó de hojas blancas semejantes a palomas y por un instante taparon el sol.
El sol no volvería a brillar para aquel alma temerosa de la muerte y el olvido. Aquel alma que pretendió preservar todo lo suyo en algo tan endeble como el papel, tan corrosibo como la tinta.
Corrió en busca de aquellas hojas, portadoras de cuanto conocía pero la persecución fue en vano. Lejos las conducía el viento, nunca más las vería así como nunca jamás recordaría cuánto había hecho a lo largo de su vida.
Cuando volvió a casa solo pudo hacerse con retales de cuanto había poseído, girones de pequeñas historias, recortes de pensamientos, borrones de fantasías y sueños incumplidos.
Trató de vaciar su mente sobre nuevos papeles en blanco, pero ya estaba vacía porque no había guardado nada en ella. Se tumbó desnuda y acalorada por la febril locura que la había invadido. Leyó y releyó una y otra vez aquellos escasos papeles rotos y maltratados por el viento que no habían conseguido echar a volar con los otros. Intentaba anclar su mente en algún momento, en alguna frase para luego poder continuar sóla y rescatar algo más.
Lloró tanto, releyó tantas veces aquellos mismos restos, que se le secaron los ojos y ya no pudo llorar más. Su pluma seguía inmóvil, no había uso que darle. Pronto se secó la tinta esperando ser usada y ella, inundada por la deshazón, fue incapaz de inventar nada... su sangre también se secó.
Halláronla muerta, tumbada en la cama, rodeada por papeles muchos con caligrafía ininteligible. Solo algunos sabían de quien se trataba, la mayoría apenas sabían algo de ella. Siempre había sido tan reserbada... si tan sólo hubiese dejado que otros la leyesen, si alguna vez hubiese compartido algo con los demás, aquel violento viento de aquel día no se habría llevado en absoluto su persona.



Podríamos darle un final más feliz.
El viento llevó sus hojas y cuadernos a un lugar en el que vivían muchos niños que jamás habían conocido un cuento porque sus padres empleaban todo su tiempo en ir al trabajo y atenderles como podían; así estos niños crecen felices con las historias de aquella mujer que no se sabe siquiera si alguna vez realmente existió. ¿Qué tal si se llamase por ejemplo, Mari Castaña? jajaja

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mmmm...podríamos darle incluso otro final,igual las hojas volaron, mery poppins las pegó y volvieron a la tierra, alguien las publicó y fue un libro anónimo que todos apreciaron.
Me ha encantao. Y en la primera parte me he sentido un poco identificada, intento coleccionar recuerdos y escribirlos..
mirta

Anónimo dijo...

Lo!
Andrés se va a Irlanda dentro de dos semanas a vivir.
mirta