miércoles, septiembre 30, 2015

No iremos a Roma

No iremos a Roma, ni a las cuevas prehistóricas, no caminaremos entre estalactitas, estalagmitas, ni entre la hojarasca de otoño de los bosques de Norte. No coronaremos cimas. No nos tumbaremos, juntos, en la arena. No respiraremos a la par, de forma entrecortada, al meternos en las aguas del Cantábrico. No cocinaremos juntos. No tendremos ninguna rutina. No compartiremos nada. Se acabaron nuestros planes o, tal vez no hayan evolucionado a otra cosa y formen parte de todo aquello que queda eternamente pendiente.
No habrá spás, no habrá películas, ni series, ni compondremos canciones. No conoceré a tus amigos y tú, te olvidarás de mi y de los míos. No irás ya a mi pueblo. No te presentaré a mi abuela. No sabrás a qué sabe nuestro pan casero. No habrá un viaje a Moldavia, ni a Ucrania. Iremos a ninguna parte.

La lista de cosas que teníamos por hacer.
"Planes para tres años" - dijiste.

Mencionaste cómo haría un año que nos conocimos. Me imaginé de la mano contigo caminando cara a la ventisca de un duro invierno. Me hablaste de nuestra próxima semana santa. De tantos proyectos conjuntos aunque, faltaba el más importante: el de vida.

He de confesar que es reconfortante dejar de pensar en cómo sorprenderte. ¡Qué batalla perdida!. De desvivirme por darme tanto. Toda entera. Porque ahora ya no formas parte de mi vida. Porque he decidido quererme más a mí de lo que te quería a ti.



Sigo deseando conocer Roma, pero no ya contigo. Sin embargo, algo me dice, que cuando por fin ponga mis pies en ella, por algún segundo, en algún momento, mi mente se irá hacia ti y tuyo será alguno de mis pensamientos.

Salvo eso, ya no queda nada.